Crítica: The Last Station – La última estación

Este drama biográfico dirigido por Michael Hoffman (Restoration) nos muestra los últimos días del famoso escritor ruso Leon Tolstoi.
Con un magnífico elenco la película se detiene en la conflictiva relación que mantiene el escritor con su esposa por las ideas referidas a la propiedad privada y a la lujosa manera de vivir por ser de clase más bien privilegiada.
En el medio de esa puja se interpone la presencia de Vladimir Chertkov (Paul Giamatti) que aboga por el crecimiento de ese nuevo credo e ideología que impulsa el escritor apuntando a una vida más simple lejos de los placeres, necesidades materiales, y en busca de la libertad de espíritu.
Tolstoi está muy bien personificado por Christopher Plummer que se agradece que lo podamos seguir viendo en la pantalla grande por ser ya un ícono del cine. Acompañándolo como su esposa está la británica Helen Mirren que interpreta muy bien a mujeres de carácter como Sofía Behrs.
James McAvoy (Atonement) compone el papel del nuevo secretario del famoso letrado ruso y recibe la tarea de llevar un diario que registre todas las conversaciones que surjan entre Tolstoi y su mujer. Las discusiones que el matrimonio mantiene son por los bienes a los que el escritor se siente impulsado a renunciar por ser consecuente con la ideología que plantea. El intelectual es presionado por su socio, Chertkov para que dimita a sus derechos de autor y que renuncie a sus pertenencias materiales burguesas, mientras que su esposa puja porque Tolstoi no decline al patrimonio que construyó con tantos años de trabajo. El joven secretario debe presenciar cómo Tolstoi se ve manipulado por su socio y por su mujer cada uno por conseguir o conservar lo que siente que es justo para sí. Los argumentos que ambos esgrimen son valederos y entendibles.En algunos momentos estos personajes dejan de pensar en la figura del longevo escritor para ser movidos por el egoísmo.
La película está basada en el libro de Jay Parini y cumple con las premisas de las buenas actuaciones. James McAvoy se ve nuevamente opacado por la presencia de dos veteranos de la actuación como Plummer y Mirren (como en The last king of Scotland que su figura pierde interés ante la avasalladora presencia de Forest Whitaker). La química entre la pareja protagonista es reconfortante y enternecedora.

Quizá la presencia del secretario en la historia termine por desinflar un poco el argumento y lo que se quiere mostrar respecto al matrimonio Tolstoi. También en partes al querer simplificar para hacerla entendible al espectador, la doctrina que postulaba Tolstoi, se termina por mostrar a la comunidad que impulsaba los pensamientos del escritor ruso, como una versión rusa y antigua del movimiento hippie de los 60 (excepto por la libertad sexual y el consumo de drogas). A pesar de esas debilidades esta película es una interesante biopic que puede gustar sobre todo a aquellos espectadores que disfruten de las cintas sobre alguna figura importante de la historia.
Es un film interesante para disfrutar, con buenas actuaciones, pero también puede llegar a decepcionar a los que pensaban que por su temática y sus protagonistas iba a ser una pieza de excelencia.
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