Crítica: Outlander (2008) de Howard McCain
Outlander es puro cine de entretenimiento y no pretende ser más que eso, lo que ya es un punto a favor. Se trata de un cruce de géneros que me extraña que no se haya usado antes. Kainan, un hombre de otro planeta y de una avanzada civilización se estrella en la Tierra, Noruega, en el 900 d.C. trayendo consigo a una bestia alien con muy malas pulgas. Kainan se aliará con los Vikingos para derrotar a la bestia. Ya ven que el argumento ya deja las cosas claras.
La película dura dos horas y quizá yo le quitaría un poco de metraje, quizá la habría acabado antes. Hacia el final, hay un giro de guión, anticipado como es debido, que le da un nuevo rumbo a la historia lejos del “realismo” que había mantenido hasta ese momento. Ese último tramo es puro Hollywood donde todo se tiene que llevar al límite más espectacular posible, aunque sea totalmente inverosímil.
Me gustó el detalle que aprender a hablar vikingo en un segundo fuera doloroso, también Gunnar el líder de la segunda tribu de Vikingos. Hay un largo flashback dentro de la historia principal donde se nos cuenta toda la historia de Kainan con el bichazo. Es muy relajante salir del ambiente medieval durante unos minutos para conocer más detalles sobre la parte “futurista” de la ambientación.
Recomendada para los amantes del cine de género, a los demás se les hará larga.
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